-¿Recuerdas cuánta ilusión nos hacía que llegara la Navidad
cuando éramos niñas? – me preguntó una vez mi hermana Sandra.
-Pues sí, me acuerdo. Recuerdo que en cuanto comenzábamos a
ver los primeros anuncios de juguetes por la tele empezábamos a ‘pedírnoslo
todo’ para empezar a redactar la carta a los Reyes.
Nuestra carta no consistía en elegir cada una lo que
quisiera y escribirlo, no. Ideábamos un arduo plan (que solo conocíamos nosotras) que consistía en repartirnos
los juguetes que cada una iba a pedir a los Reyes Magos. ¡Nosotras sí que
sabíamos! Nuestra intención era tener el doble de cosas con las que jugar; las
que yo había pedido y las que había pedido ella. Aunque llegar a un acuerdo con
ella sobre lo que nos gustaba a ambas
era harto complicado, porque teníamos gustos muy diferentes, pero no importaba,
porque cuanto más difícil era, más interesante y divertido nos parecía. ¡Nos lo
tomábamos tan en serio! como si la supervivencia del mundo dependiese de ello.
Poníamos tanta pasión y tanto desempeño que, cuando las negociaciones
terminaban y los Reyes nos traían nuestros regalos, nos quedábamos un poco
vacías. Después de tanto trajín, había que esperar otro año entero para vivir aquella experiencia llena de magia otra vez.
A mi hermana y a mí nos encantaba hablar antes de estas cosas.
Rememorar viejos tiempos, volver a nuestra infancia y recoger momento a momento
aquellos instantes que no deseábamos perder jamás. Siempre habíamos sido buenas
amigas, un buen complemento la una para la otra. Hablar con ella ahora era más complicado, por eso me gustaba recordar a solas lo que antes solíamos recordar juntas.
-¿Y te acuerdas de cuando papá nos daba una colleja en la
mano cada vez que intentábamos coger un trozo de turrón cuando él estaba
preparando la bandeja? –me decía riendo.
-¡Jajaja, sí, ya lo creo que me acuerdo! -le respondía yo- Parece que yo no
aprendía jamás. Me llevaba más tobas en Navidad que durante el resto del año. ¡Pero
me fastidiaba tanto que no pudiéramos comer ni un trocito hasta después de la
cena de Nochebuena! Qué manía más tonta la de papá.
Qué felicidad sentíamos en el momento en el que acabábamos
la primera cena de la Navidad, recogíamos la mesa y poníamos los dulces sobre
ella. Polvorones, turrón de chocolate, almendrados… todo tipo de delicias que
no comíamos con frecuencia durante el resto del año íbamos a comerlas ahora. Pero lo más importante en ese momento es que
estábamos nosotras junto a nuestra familia, en nuestra casa, el Belén y las
luces de colores… era todo especial. Nada tenía más importancia de lo normal.
En nuestras miradas se percibía el brillo y la luz de quien
es profundamente feliz. Las sonrisas salían solas sin tener que hacer demasiado
esfuerzo y las conversaciones entre nosotros eran alegres, fluidas y animadas.
Sandra no pensaba en cuánto engordaban los turrones o en
cuál sería el mejor momento para salir a vomitar al baño sin ser vista. Nadie
pensaba en cuánto engordaban los turrones o en cuál sería el mejor momento para
salir a vomitar al baño sin ser visto.
Es en este momento cuando salgo de mis alegres ensoñaciones.
Porque sigo sin poder creer que un número en una báscula haya acabado
destruyéndolo todo.
1 comentario:
Hola a todas,
Para las personas que sufren un TCA, la Navidad es un período de miedo porque lo interpretan como un período de tentación máxima ya que les apetece comer de todos los manjares de los que se caracteriza la festividad pero al mismo tiempo no quieren perder el control sobre su cuerpo. Básicamente,se retroalimentan: la Navidad me hace engordar,y yo soy la que puede evitarlo pero al caer en la tentación significa que no soy fuerte y que no puedo cuidar mi cuerpo,así que al final me odio a mí misma.
Por otro lado está también la percepción de las personas que están en trámites de deshacerse de esta pesada carga: si me apetece,lo como,pero me sigo sintiendo mal porque ya no debería preocuparme por ello y en mi cabeza sigue estando.
¿Conclusión? La magia de la Navidad sigue estando en las reuniones familiares y con amigos,las fiestas de despedida de año,los brindis,las cabalgatas y los regalos,así que no dejéis que los pensamientos negros oscurezcan el brillo de esta época tan bonita. Simplemente,SED FELICES.
¡Disfrutemos del turrón! Como todo,en su saludable medida.
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